Los medios holandeses informan de un creciente malestar entre los propietarios mientras los Países Bajos preparan la reforma de su sistema de impuesto sobre patrimonio Box 3 en 2028, pasando a una tributación basada en los rendimientos reales de los activos —incluido el inmobiliario. Para muchos inversores, esto significa una factura fiscal anual estructuralmente más alta sobre segundas residencias y propiedades de inversión. La reacción ha sido inmediata: los compradores holandeses están llegando a España en cifras récord, buscando tanto residencia como inversiones inmobiliarias a largo plazo en un mercado que sigue siendo comparativamente asequible.
Esta nueva ola de compradores no se limita a quienes buscan segunda residencia vacacional. Una parte importante se prepara para la jubilación anticipada, normalmente en la franja de 55+, pero también un grupo creciente de profesionales más jóvenes — trabajadores en remoto, emprendedores digitales e inversores de largo plazo — está dando el paso. Algunos compran una segunda residencia; otros se trasladan por completo y se registran como residentes españoles para asegurar ventajas fiscales y de estilo de vida a largo plazo.
La Costa Blanca — hogar de grandes ciudades como Alicante y Elche — registra el mayor flujo de compradores-inversores holandeses, atraídos por un mercado que aún ofrece valor real tanto en la costa como en los pueblos del interior cercanos.
El propio mercado inmobiliario holandés sigue sobrecalentado, impulsado por años de oferta estructuralmente insuficiente y respuesta política lenta. Esto da a los propietarios holandeses una considerable overwaarde — el capital acumulado en la vivienda — que pueden liberar vendiendo o pidiendo crédito a través de bancos holandeses. Ese capital se traduce en fuerte poder adquisitivo en España, donde los mercados costeros siguen ofreciendo precios atractivos comparados con los Países Bajos.
Para muchos compradores holandeses la lógica es directa: reducir la exposición a un régimen fiscal holandés cada vez más estricto, convertir el alto capital inmobiliario holandés en activos mediterráneos de largo plazo y asegurar un mejor estilo de vida a un coste menor. Como resultado, la demanda holandesa se convierte en una fuerza visible e influyente en el panorama inmobiliario español.